FUENCALIENTE, PUEBLO QUE DIOS LIBRE DE LA CAÍDA DE LA PEÑA QUE LE SIRVE DE TOLDO
"EN LOS MONTES DE LA MANCHA”
Dedicamos esta entrada del blog a un curioso libro del que está sacada la frase que da título a este escrito. El libro en cuestión se titula “En los montes de la Mancha” y fue escrito por José Navarrete y Vela-Hidalgo, escritor del siglo XIX nacido en Cádiz en 1837.
El libro es una crónica de varias jornadas de caza llevadas a cabo por un grupo de cazadores de Ciudad
Real y Madrid que recorrieron durante varios días una serie de montes y fincas, que aún
hoy siguen siendo cotos de caza, en un triángulo formado entre
Piedrabuena, Puebla de Don Rodrigo y la Torre de Abraham (Retuerta del
Bullaque). Los hechos que se narran tuvieron lugar por tierras de Ciudad Real durante el año 1864.
Este libro es muy interesante por las referencias que hace a
Fuencaliente y a varias personas del pueblo que aparecen participando en las distintas jornadas cinegéticas. Junto con los
monteros señoritos (escopetas blancas) participaron varios
cazadores del pueblo (escopetas negras) y el veterinario de aquel
tiempo, de nombre Juan Bautista. En la crónica quedó constancia además del nombre de varios perros de la rehala de
Fuencaliente que demostraron su bravura en el agarre de un jabalí de
ocho arrobas y en el que resultaron heridos muchos de ellos. Si tienes un perro sin nombre aprovecha para llamarlo por ejemplo Herodes, Terrible o Careta en recuerdo de aquellos.
El autor, José Navarrete, poeta y escritor de cierto prestigio, militar
y político y que, curiosamente, no era cazador, fue invitado a
participar en la montería para que dejase por escrito relación de los
acontecimientos de aquellas jornadas para grato recuerdo de sus
protagonistas, como era costumbre de la época en las cacerías de
prestigio. Le primera edición la hizo en el año 1879 la Librería de
Fernando Fe (con sedes en Madrid y Sevilla), y fue prologada por el
famoso escritor Pedro Antonio de Alarcón. Una edición original de este libro cuesta unos 400 euros

Reedición 2010. Kessinger Publishing
El libro fue reeditado en por la Universidad de Castilla La Mancha en
2006, con prólogo del profesor Antonio Fernández Tomás, catedrático de
Derecho Internacional en Albacete. El texto del libro viene acompañado
con una serie de fotografías de otras monterías, más recientes que los
hechos que describe el libro, cuyo autor fue el fotógrafo Diego González
Ragel (1893-1951). Las fotografías de esta página pertenecen a su archivo fotográfico que se puede ver en Internet.
Fuencaliente, como se dice en este libro, es "pueblo de baños", pero indudablemente también es "pueblo de caza". Las referencias a la caza y a los expertos cazadores de Fuencaliente son bastante frecuentes en la literatura cinegética de finales del XIX y durante todo el siglo XX. En este blog hemos recogido las que se hacen en el famoso libro La España Inexplorada (1910), de Abel Chapman, famoso escritor inglés; también las que se hacen en otro libro cinegético de esta época, interesante por la aclaración que hace del origen del mote cucones, obra de un cazador de Arjona, Pedro de
Morales Prieto: Las monterías en Sierra Morena a mediados del siglo XIX (1904). Nos tememos que, de un tiempo a esta parte, se pueden encontrar más referencia relacionadas con la caza y los cazadores de Fuencaliente en los juzgados que en las bibliotecas.
En esta entrada del blog hacemos una reseña de los pasajes de este libro relacionados con nuestro pueblo, Fuencaliente, pueblo de baños y de caza.

Foto Diego G. Ragel
CAZADORES Y PERROS DE FUENCALIENTE: Primera referencia que se hace en
el libro a cazadores provenientes de Fuencaliente.
Estando la expedición cazando en Navalagrulla, cerca de Piedrabuena, se
enteran que ha llegado al pueblo (Piedrabuena) otra expedición de
cazadores que van hacia El Molinillo y la Avecedilla, fincas ya cerca de
Retuerta del Bullaque.
“El lunes por la mañana recibimos las nuevas de que la noche
anterior habían llegado a Piedrabuena unos señores que iban de caza
a la Avecedilla y al Molinillo. A juzgar por las libras de pan que
habían mandado cocer para los perros, era una expedición grande:
añadió el cabrero por quien supimos todo esto, que no conocía de los
expedicionarios, a quienes vio a la puerta de la casa del cura, más
que al yerno del Sr. Sauco y a su tío D.Vicente, que es un señor de
Puertollano, administrador del conde de Balmaseda; que había dos
señores de Madrid, un D. Pedro, empleado de Ciudad-Real,
y otros caballeros de Fuencaliente y de Villamayor; que ellos
llevaban escopetas negras y perros; que en Piedrabuena se les habían
unido, como capitanes, Escolástico y Laureano, de Porzuna, y como
ojeadores, un tal Sánchez y el Títere;
que los perros eran, unos de Fuencaliente, y otros los
célebres de D. Juan Rosales, de la Argamasilla de Calatrava.
Con estas noticias, vio Sauco el cielo abierto; nos llamó a consejo
a las escopetas blancas, y nos propuso ir a reunirnos a Piedrabuena
con su yerno y con los demás señores que iban a la Avecedilla, con
el objeto de continuar con ellos la cacería por aquellos montes: la
proposición, después de un acalorado debate, fue aprobada” (página
178)
VETERINARIO Y ESCOPETAS NEGRAS DE FUENCALIENTE. El veterinario de
Fuencaliente (Juan Bautista Benítez) y las escopetas negras que
lo acompañan (Bullarea, el Turrino y el Fraile) se unen a la
expedición: Los dos grupos de cazadores se unen en la finca La Toledana, que se
encuentra cerca de Pueblonuevo del Bullaque.
“Eran éstos, limitándome a las escopetas blancas y
suprimiendo los elogios para no ofender la modestia de ninguno: D.
Jacinto Criado, administrador de la Toledana; D. Felipe Acuña, ya
mencionado; D. Ramón Acero, ex-gobernador civil; D. Juan Carrasca,
ingeniero jefe de montes de la provincia de Ciudad-Real; D. Antonio
Arévalo, propietario de Villa-mayor; D. Diego Campos y D. Vicente
Delgado, propietarios de Puertollano; D. Pedro Baselgas, jefe de
Fomento; D. Manuel Menchero, yerno de Sauco; D. Ramón Samper
Iglesias, director del hospicio de Ciudad-Real; D. Santos Gamarra,
alcalde de la Retuerta;
D. Juan Bautista Benítez, veterinario de Fuencaliente; D.
Julián Bastante, capataz de montes, y D. Genaro Fernández
Calvillo.
A Trillo y a Mariano los sustituyeron los hermanos Juan Antonio y
Pedro Rivera; a Santos, el guarda del marqués, un guardia civil que
estaba con licencia en Piedrabuena, llamado Sánchez de Molina; y a
las escopetas negras que se fueron, las reemplazaron: Escolástico,
Laureano, el Títere y Sánchez, de Porzuna, los dos primeros en
calidad de capitanes;
Bullarea, el Turrino y el Fraile, de Fuencaliente; Valentín
Juárez, perrero de la Argamasilla de Calatrava, y otros que no
recuerdo.” (página 183)

Foto Diego G. Ragel
LOS FAMOSOS PERROS DE FUENCALIENTE. Agarre de un gran jabalí
protagonizado por la rehala (recova) de Fuencaliente: Se publican en el libro el nombre de los perros, su descripción y las
heridas recibidas. Desgraciadamente no se publica el nombre del
perrero.
"Después de tomar el bocadillo y mejorado el tiempo, habiéndose
llamado el viento al Nordeste, batimos la solana de la Higuera.
Salieron pocas reses, y sólo se mataron un corzo, por Escolástico, y
un guarro, con el que sucedió una cosa notable, y fue, que,
siendo un animal viejo, valiente y de ocho arrobas, lo sujetó y lo
entregó la recova de Fuencaliente, cuando apenas le había hecho sangre una bala de Menchero.
Para satisfacción de los dueños de los citados perros, se acordó
que se publicaran en la Crónica los nombres de todos éstos y las
reseñas de los heridos, como a continuación lo hago, copiando, sin
quitar ni añadir una coma,
el apunte que recibí de Bautista, el veterinario del citado
pueblo de baños, pueblo que Dios libre de la caída de la peña que
le sirve de toldo.
NOMBRES Y RESEÑAS DE LOS PERROS DE FUENCALIENTE, CON EXPRESIÓN DE
LOS HERIDOS
Perico: podenco cenceño, encerado y corbato, algo festoneado de las manos y
zarco del ojo izquierdo, resero y conejero tenaz; herido en un brazo
y en una cadera.
Marica: hermana del anterior; colorada apizarrada y gacha de ambas
orejas; condiciones, como su hermano.
Terrible: colorado, careta, acollarado, despuntada una oreja; resero y
quitador en caza menuda.
Herodes: colorado. careto. rabón, gacho de una oreja, resero puro con
especialidad en jabalíes: recibió dos cuchilladas en el brazo
derecho.
Turco: algo atravesado, negro atachonado, gacho de ambas orejas: recibió
una cuchillada en la paleta izquierda.
Arrogante: podenco cenceño, blanco con manchas negras, algo gachas las
orejas, muy resero y conejero.
Bolera: negra, cuatro-ojada, podenca fina con latido de falsete, buena
para reses y muy conejera. Malherida en el vientre.
Careta: colorado claro, un poco gacho, podenco puro, acollarado y de
condiciones como el anterior.
Chato: atravesado, negro, acollarado, desorejado, buen resero. Herido en
el cuello."

Foto Diego G. Ragel
GENTE DE FUENCALIENTE: “BULLAREA” Y EL “ABOGADO DE SECANO”. La fama de juerguistas de los cucones viene de largo y la de
polémicos también. El escopeta negra de Fuencaliente llamado
“Bullarea” es el juerguista y el veterinario Bautista es el “abogado
de secano” que entiende de todo. Todavía se pueden ver en el río de
atrás las ruinas del molino de Bullarea, mal llamado Brillorea en los
mapas modernos. Si las piedras hablaran… (Como curiosidad, a mi tío
Tomás Buenestado, cien años después, también le decían de mote
Bullarea porque de joven era muy flamenco y juerguista)
"En la Avecedilla entró la peste del juego, limitado, felizmente al
tresillo; pero el caso fue que entre jugadores y mirones nos robaba
todas las noches siete u ocho socios a la tertulia. El aspecto de la
casa, después de comer era el siguiente: en la mitad de la sala
próxima a la puerta, los tocadores, los cantadores y los bailadores:
entre los primeros, descollaban punteando, Camacho y el capataz de
montes, antiguo liberal, llamado Bastante: entre los terceros, la
guardesa, la señá Juliana, el cocinero y
un escopeta negra de Fuencaliente, más viejo que la luna, que
decía romances y pasos de comedia y fue toda la temporada el
gracioso de la compañía, llamado Bullarea,
y en la sección de canto alternaba Sierra con Camacho y otros
aficionados: esta sección tenía su público, que lo componían todas
las escopetas negras, perreros y demás servidumbre, situados en el
pequeño vestíbulo y en la parte de la cocina: también solía decirnos
algunas noches Sierra preciosos versos suyos y cantar música de
zarzuela,
y un veterinario de Fuencaliente y, propietario además, llamado
Bautista, chico de cuerpo y picaresco de rostro, decidor oportuno
en todas las materias y el tipo más concluido de lo que
vulgarmente se llama “abogado de secano”, declamaba horas enteras,
intentando dejar tamañito al propio Dardalla, trozos de las
comedias andaluzas de Sanz Pérez."

Foto Diego G. Ragel
“EL TURRINO” DE FUENCALIENTE: Escopeta negra y maestro sierra. Si
hay gente entendida de la caza son los cucones, como “El Turrino”, del
que nada más sabemos salvo su apodo. Por lo que conocemos del pueblo, el
mote se perdió en el tiempo.
"Los dos días siguientes de batieron, a razón de tres ojeos
diarios, las umbrías La Robledosa, Las Manceras y Los Palacios, la
solana Simoncillo y las umbrías de Valdelagua y La Sepultura. En el
arroyo de Valdelagua estuvo situado mucho tiempo el cuartel general
de las facciones manchegas, durante la última guerra civil.
Al otro día muy de mañana salimos de la Avecedilla y echamos hacia
la izquierda; vadeamos el Bullaque… entramos en una inmensa raña,
perteneciente a la dehesa llamada la Salceda, propiedad hoy de D.
Justo Yagüe, viendo blanquear a lo lejos el caserío de la quintería,
que según nos aseguraron los guardas de la dehesa Gervasio e
Ignacio, perteneció un tiempo al ilustre conde de Floridablanca.
Los capitanes Escolástico y Laureano comenzaron a disponer la
batida de la inmensa umbría de las Bañas; en esta operación se tardó
cerca de dos horas, tiempo necesario para que las escopetas negras
dieran el largo rodeo preciso para subir a la cuerda sin atravesar
por la umbría y espantar a las reses.
El Turrino, una escopeta negra de Fuencaliente se me acerco y
me dijo: -Yo vine esta madrugada con otros cazadores a atalayar las
reses y verlas encamarse; pues bueno ¿ve usted aquella pedriza en
forma de Y?
-Sí, le contesté.
-Por allí vimos pasar una piara de once venados que deben estar
encamados en esa umbría."

El Marqués del Mérito en Fuencaliente. Foto Panelberto
“EL FRAILE” DE FUENCALIENTE: Escopeta negra y experto cazador. Nada más sabemos de él y su mote también se perdió en el tiempo.
"Un ojeador viejo, ya retirado, que se llama Gazapera, y que fue a
batir el monte aquel día a ruegos de Sauco, mato un jabalí que le
salió de una mata como un conejo, estando la jauría distraída en
seguimiento de otras reses.
El Fraile, de Fuencaliente, y el Títere, de Porzuna, dieron en lo alto de la montaña, donde
estaban con el alcalde de la Retuerta, con una piara de cabras
monteses: mataron el macho, no sin que antes de un testerazo
despeñara un perro de un risco abajo; y luego en los breñales, por
donde huyeron, dejaron rendidas tres cabras más."
Francisco Díaz Buenestado
El libro es una crónica de varias jornadas de caza llevadas a cabo por un grupo de cazadores de Ciudad Real y Madrid que recorrieron durante varios días una serie de montes y fincas, que aún hoy siguen siendo cotos de caza, en un triángulo formado entre Piedrabuena, Puebla de Don Rodrigo y la Torre de Abraham (Retuerta del Bullaque). Los hechos que se narran tuvieron lugar por tierras de Ciudad Real durante el año 1864.
Este libro es muy interesante por las referencias que hace a
Fuencaliente y a varias personas del pueblo que aparecen participando en las distintas jornadas cinegéticas. Junto con los
monteros señoritos (escopetas blancas) participaron varios
cazadores del pueblo (escopetas negras) y el veterinario de aquel
tiempo, de nombre Juan Bautista. En la crónica quedó constancia además del nombre de varios perros de la rehala de
Fuencaliente que demostraron su bravura en el agarre de un jabalí de
ocho arrobas y en el que resultaron heridos muchos de ellos. Si tienes un perro sin nombre aprovecha para llamarlo por ejemplo Herodes, Terrible o Careta en recuerdo de aquellos.
El autor, José Navarrete, poeta y escritor de cierto prestigio, militar
y político y que, curiosamente, no era cazador, fue invitado a
participar en la montería para que dejase por escrito relación de los
acontecimientos de aquellas jornadas para grato recuerdo de sus
protagonistas, como era costumbre de la época en las cacerías de
prestigio. Le primera edición la hizo en el año 1879 la Librería de
Fernando Fe (con sedes en Madrid y Sevilla), y fue prologada por el
famoso escritor Pedro Antonio de Alarcón. Una edición original de este libro cuesta unos 400 euros
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| Reedición 2010. Kessinger Publishing |
El libro fue reeditado en por la Universidad de Castilla La Mancha en 2006, con prólogo del profesor Antonio Fernández Tomás, catedrático de Derecho Internacional en Albacete. El texto del libro viene acompañado con una serie de fotografías de otras monterías, más recientes que los hechos que describe el libro, cuyo autor fue el fotógrafo Diego González Ragel (1893-1951). Las fotografías de esta página pertenecen a su archivo fotográfico que se puede ver en Internet.
Fuencaliente, como se dice en este libro, es "pueblo de baños", pero indudablemente también es "pueblo de caza". Las referencias a la caza y a los expertos cazadores de Fuencaliente son bastante frecuentes en la literatura cinegética de finales del XIX y durante todo el siglo XX. En este blog hemos recogido las que se hacen en el famoso libro La España Inexplorada (1910), de Abel Chapman, famoso escritor inglés; también las que se hacen en otro libro cinegético de esta época, interesante por la aclaración que hace del origen del mote cucones, obra de un cazador de Arjona, Pedro de Morales Prieto: Las monterías en Sierra Morena a mediados del siglo XIX (1904). Nos tememos que, de un tiempo a esta parte, se pueden encontrar más referencia relacionadas con la caza y los cazadores de Fuencaliente en los juzgados que en las bibliotecas.
En esta entrada del blog hacemos una reseña de los pasajes de este libro relacionados con nuestro pueblo, Fuencaliente, pueblo de baños y de caza.
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| Foto Diego G. Ragel |
CAZADORES Y PERROS DE FUENCALIENTE: Primera referencia que se hace en el libro a cazadores provenientes de Fuencaliente. Estando la expedición cazando en Navalagrulla, cerca de Piedrabuena, se enteran que ha llegado al pueblo (Piedrabuena) otra expedición de cazadores que van hacia El Molinillo y la Avecedilla, fincas ya cerca de Retuerta del Bullaque.
“El lunes por la mañana recibimos las nuevas de que la noche
anterior habían llegado a Piedrabuena unos señores que iban de caza
a la Avecedilla y al Molinillo. A juzgar por las libras de pan que
habían mandado cocer para los perros, era una expedición grande:
añadió el cabrero por quien supimos todo esto, que no conocía de los
expedicionarios, a quienes vio a la puerta de la casa del cura, más
que al yerno del Sr. Sauco y a su tío D.Vicente, que es un señor de
Puertollano, administrador del conde de Balmaseda; que había dos
señores de Madrid, un D. Pedro, empleado de Ciudad-Real,
y otros caballeros de Fuencaliente y de Villamayor; que ellos
llevaban escopetas negras y perros; que en Piedrabuena se les habían
unido, como capitanes, Escolástico y Laureano, de Porzuna, y como
ojeadores, un tal Sánchez y el Títere;
que los perros eran, unos de Fuencaliente, y otros los
célebres de D. Juan Rosales, de la Argamasilla de Calatrava.
Con estas noticias, vio Sauco el cielo abierto; nos llamó a consejo
a las escopetas blancas, y nos propuso ir a reunirnos a Piedrabuena
con su yerno y con los demás señores que iban a la Avecedilla, con
el objeto de continuar con ellos la cacería por aquellos montes: la
proposición, después de un acalorado debate, fue aprobada” (página
178)
VETERINARIO Y ESCOPETAS NEGRAS DE FUENCALIENTE. El veterinario de
Fuencaliente (Juan Bautista Benítez) y las escopetas negras que
lo acompañan (Bullarea, el Turrino y el Fraile) se unen a la
expedición: Los dos grupos de cazadores se unen en la finca La Toledana, que se
encuentra cerca de Pueblonuevo del Bullaque.
“Eran éstos, limitándome a las escopetas blancas y
suprimiendo los elogios para no ofender la modestia de ninguno: D.
Jacinto Criado, administrador de la Toledana; D. Felipe Acuña, ya
mencionado; D. Ramón Acero, ex-gobernador civil; D. Juan Carrasca,
ingeniero jefe de montes de la provincia de Ciudad-Real; D. Antonio
Arévalo, propietario de Villa-mayor; D. Diego Campos y D. Vicente
Delgado, propietarios de Puertollano; D. Pedro Baselgas, jefe de
Fomento; D. Manuel Menchero, yerno de Sauco; D. Ramón Samper
Iglesias, director del hospicio de Ciudad-Real; D. Santos Gamarra,
alcalde de la Retuerta;
D. Juan Bautista Benítez, veterinario de Fuencaliente; D.
Julián Bastante, capataz de montes, y D. Genaro Fernández
Calvillo.
A Trillo y a Mariano los sustituyeron los hermanos Juan Antonio y
Pedro Rivera; a Santos, el guarda del marqués, un guardia civil que
estaba con licencia en Piedrabuena, llamado Sánchez de Molina; y a
las escopetas negras que se fueron, las reemplazaron: Escolástico,
Laureano, el Títere y Sánchez, de Porzuna, los dos primeros en
calidad de capitanes;
Bullarea, el Turrino y el Fraile, de Fuencaliente; Valentín
Juárez, perrero de la Argamasilla de Calatrava, y otros que no
recuerdo.” (página 183)
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| Foto Diego G. Ragel |
LOS FAMOSOS PERROS DE FUENCALIENTE. Agarre de un gran jabalí
protagonizado por la rehala (recova) de Fuencaliente: Se publican en el libro el nombre de los perros, su descripción y las
heridas recibidas. Desgraciadamente no se publica el nombre del
perrero.
"Después de tomar el bocadillo y mejorado el tiempo, habiéndose
llamado el viento al Nordeste, batimos la solana de la Higuera.
Salieron pocas reses, y sólo se mataron un corzo, por Escolástico, y
un guarro, con el que sucedió una cosa notable, y fue, que,
siendo un animal viejo, valiente y de ocho arrobas, lo sujetó y lo
entregó la recova de Fuencaliente, cuando apenas le había hecho sangre una bala de Menchero.
Para satisfacción de los dueños de los citados perros, se acordó
que se publicaran en la Crónica los nombres de todos éstos y las
reseñas de los heridos, como a continuación lo hago, copiando, sin
quitar ni añadir una coma,
el apunte que recibí de Bautista, el veterinario del citado
pueblo de baños, pueblo que Dios libre de la caída de la peña que
le sirve de toldo.
NOMBRES Y RESEÑAS DE LOS PERROS DE FUENCALIENTE, CON EXPRESIÓN DE
LOS HERIDOS
Perico: podenco cenceño, encerado y corbato, algo festoneado de las manos y
zarco del ojo izquierdo, resero y conejero tenaz; herido en un brazo
y en una cadera.
Marica: hermana del anterior; colorada apizarrada y gacha de ambas
orejas; condiciones, como su hermano.
Terrible: colorado, careta, acollarado, despuntada una oreja; resero y
quitador en caza menuda.
Herodes: colorado. careto. rabón, gacho de una oreja, resero puro con
especialidad en jabalíes: recibió dos cuchilladas en el brazo
derecho.
Turco: algo atravesado, negro atachonado, gacho de ambas orejas: recibió
una cuchillada en la paleta izquierda.
Arrogante: podenco cenceño, blanco con manchas negras, algo gachas las
orejas, muy resero y conejero.
Bolera: negra, cuatro-ojada, podenca fina con latido de falsete, buena
para reses y muy conejera. Malherida en el vientre.
Careta: colorado claro, un poco gacho, podenco puro, acollarado y de
condiciones como el anterior.
Chato: atravesado, negro, acollarado, desorejado, buen resero. Herido en
el cuello."
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| Foto Diego G. Ragel |
GENTE DE FUENCALIENTE: “BULLAREA” Y EL “ABOGADO DE SECANO”. La fama de juerguistas de los cucones viene de largo y la de polémicos también. El escopeta negra de Fuencaliente llamado “Bullarea” es el juerguista y el veterinario Bautista es el “abogado de secano” que entiende de todo. Todavía se pueden ver en el río de atrás las ruinas del molino de Bullarea, mal llamado Brillorea en los mapas modernos. Si las piedras hablaran… (Como curiosidad, a mi tío Tomás Buenestado, cien años después, también le decían de mote Bullarea porque de joven era muy flamenco y juerguista)
"En la Avecedilla entró la peste del juego, limitado, felizmente al
tresillo; pero el caso fue que entre jugadores y mirones nos robaba
todas las noches siete u ocho socios a la tertulia. El aspecto de la
casa, después de comer era el siguiente: en la mitad de la sala
próxima a la puerta, los tocadores, los cantadores y los bailadores:
entre los primeros, descollaban punteando, Camacho y el capataz de
montes, antiguo liberal, llamado Bastante: entre los terceros, la
guardesa, la señá Juliana, el cocinero y
un escopeta negra de Fuencaliente, más viejo que la luna, que
decía romances y pasos de comedia y fue toda la temporada el
gracioso de la compañía, llamado Bullarea,
y en la sección de canto alternaba Sierra con Camacho y otros
aficionados: esta sección tenía su público, que lo componían todas
las escopetas negras, perreros y demás servidumbre, situados en el
pequeño vestíbulo y en la parte de la cocina: también solía decirnos
algunas noches Sierra preciosos versos suyos y cantar música de
zarzuela,
y un veterinario de Fuencaliente y, propietario además, llamado
Bautista, chico de cuerpo y picaresco de rostro, decidor oportuno
en todas las materias y el tipo más concluido de lo que
vulgarmente se llama “abogado de secano”, declamaba horas enteras,
intentando dejar tamañito al propio Dardalla, trozos de las
comedias andaluzas de Sanz Pérez."
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| Foto Diego G. Ragel |
“EL TURRINO” DE FUENCALIENTE: Escopeta negra y maestro sierra. Si
hay gente entendida de la caza son los cucones, como “El Turrino”, del
que nada más sabemos salvo su apodo. Por lo que conocemos del pueblo, el
mote se perdió en el tiempo.
"Los dos días siguientes de batieron, a razón de tres ojeos
diarios, las umbrías La Robledosa, Las Manceras y Los Palacios, la
solana Simoncillo y las umbrías de Valdelagua y La Sepultura. En el
arroyo de Valdelagua estuvo situado mucho tiempo el cuartel general
de las facciones manchegas, durante la última guerra civil.
Al otro día muy de mañana salimos de la Avecedilla y echamos hacia
la izquierda; vadeamos el Bullaque… entramos en una inmensa raña,
perteneciente a la dehesa llamada la Salceda, propiedad hoy de D.
Justo Yagüe, viendo blanquear a lo lejos el caserío de la quintería,
que según nos aseguraron los guardas de la dehesa Gervasio e
Ignacio, perteneció un tiempo al ilustre conde de Floridablanca.
Los capitanes Escolástico y Laureano comenzaron a disponer la
batida de la inmensa umbría de las Bañas; en esta operación se tardó
cerca de dos horas, tiempo necesario para que las escopetas negras
dieran el largo rodeo preciso para subir a la cuerda sin atravesar
por la umbría y espantar a las reses.
El Turrino, una escopeta negra de Fuencaliente se me acerco y
me dijo: -Yo vine esta madrugada con otros cazadores a atalayar las
reses y verlas encamarse; pues bueno ¿ve usted aquella pedriza en
forma de Y?
-Sí, le contesté.
-Por allí vimos pasar una piara de once venados que deben estar
encamados en esa umbría."
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| El Marqués del Mérito en Fuencaliente. Foto Panelberto |
“EL FRAILE” DE FUENCALIENTE: Escopeta negra y experto cazador. Nada más sabemos de él y su mote también se perdió en el tiempo.
"Un ojeador viejo, ya retirado, que se llama Gazapera, y que fue a
batir el monte aquel día a ruegos de Sauco, mato un jabalí que le
salió de una mata como un conejo, estando la jauría distraída en
seguimiento de otras reses.
El Fraile, de Fuencaliente, y el Títere, de Porzuna, dieron en lo alto de la montaña, donde
estaban con el alcalde de la Retuerta, con una piara de cabras
monteses: mataron el macho, no sin que antes de un testerazo
despeñara un perro de un risco abajo; y luego en los breñales, por
donde huyeron, dejaron rendidas tres cabras más."
Francisco Díaz Buenestado




